sábado, 29 de julio de 2017

Un tímida garza con unos llamativos ojos rojo escarlata. Nycticorax nycticorax. Garcina de nueche.

Uno de los interesantes encuentros del qué he podido disfrutar a lo largo de este verano ha sido con esta bella ave ciconiforme perteneciente a la familia de las ardeidas.




El Martinete común es una garza de tamaño mediano (L: 58-65 cm, E: 90-100 cm P: 750 y 1.000 gr) en el que no se puede apreciar un dimorfismo sexual.




Sus hábitos son fundamentalmente crepusculares y nocturnos, aspecto este que queda perfectamente reflejado en la etimología de su nombre científico “Nycticorax nycticorax” que deriva del término griego “Nycticorax”: “nykte”; noche + “korax –akos”; cuervo) significa cuervo de noche por el grito que emite similar al del cuervo.




Con un carácter un tanto tímido y esquivo, al igual que otros componentes de esta familia, es precisamente en las primeras o últimas horas del día cuando resulta más fácil de detectar en sus posaderos y cuando centra la mayoría de su actividad capturando peces, moluscos, crustáceos, anfibios o grandes invertebrados acuáticos.




Como fácilmente podréis imaginar, tanto su timidez y carácter esquivo, como sus hábitos crepusculares son dos aspectos que no favorecen mucho que digamos, a la hora de intentar realizarle unas fotografías medianamente buenas.




Tampoco favorece mucho esa tarea el hecho de que los hábitats que acostumbran a frecuentar sean los humedales, preferentemente de aguas dulces de ríos y lagos, en los que  exista una abundante vegetación ribereña y en donde permanecen medio escondidos.




Durante el día también es habitual verles inmóviles y medio ocultos entre las ramas de los árboles o arbustos que crecen cerca del borde de cursos de agua, marismas o lagunas, pretendiendo así pasar desapercibidos.




Su técnica de caza preferida es el acecho desde la orilla del agua o desde una rama baja, donde aguardan inmóviles a que alguna presa se ponga a su alcance, momento en el que la atrapan con un rápido movimiento del cuello.




También es cierto que en esas horas crepusculares, es frecuente verles desplazarse volando lentamente desde sus dormideros hacia sus territorios de caza, lo cual favorece el poderles fotografiar en vuelo. A eso hay que añadir el hecho de que tengan un tamaño mediano, en el que destacan sus alas gris claro, con el dorso, nuca y capirote gris pizarroso oscuro (casi negro) que contrastan notablemente con las partes inferiores blanquecinas.




Pero si hay algo que a mí particularmente me llame la atención de la anatomía de esta ave, son sus ojos con un iris de un llamativo rojo escarlata con una gran pupila negra que me recuerdan a los ojos “ensangrentados” del mismísimo conde Drácula.




También son bastante llamativas las tres largas plumas blancas de hasta 24 cm de longitud, que nacen en la nuca y cuelgan por la espalda, en especial en los machos (más cortas en las hembras) lucen durante la época reproductiva.




En comparación con otros componentes de la familia de las ardeidas, destacan también lo exageradamente corto que tienen el cuello y la cola.




El pico es de tamaño medio (6-8 cm), grueso y puntiagudo; es de color verdoso en la base y negro en la parte superior.




Las patas son de tamaño medio y de un color amarillo claro que se intensifica en la época de reproducción, volviéndose amarillo anaranjado, casi rojizo. Los dedos son bastante largos y no están palmeados.




Su vuelo es pausado y elegante presentando una silueta muy compacta, con la parte trasera corta, pies poco visibles y alas relativamente cortas y redondeadas. Lo hacen con el cuello estirado a diferencia de las garzas que lo hacen con el cuello retraído.




Los jóvenes por la parte superior son de color marrón achocolatado con motas blanquecinas en el dorso. Por la parte inferior son de color grisáceo rayado de marrón oscuro. Tienen los ojos de color naranja. En las alas también tienen motas de color blanquecino. Existen diferentes plumajes de transición hasta llegar a alcanzar la librea de adulto.




Se distribuyen por todos los continentes (Europa, África, Asia y América) excepto por el australiano.


En España hay una minoría que es residente habitual pero la mayoría llegan desde África durante el período estival para reproducirse, permaneciendo entre nosotros de marzo a octubre, para emprender entonces un viaje migratorio que los llevará hasta sus zonas de invernada en África tropical.




Nuestro territorio, incluyendo Baleares y Canarias, acoge aves en dispersión y recibe también un importante paso migratorio de individuos centro-europeos, algunos de los cuales se suman al escaso contingente invernal.




La distribución de esta pequeña garza en España está asociada a los tramos medios y bajos de los grandes ríos peninsulares y sus principales afluentes, así como a los humedales de la fachada mediterránea, incluidas las islas Baleares y la costa sur. Habitualmente falta en extensas regiones como la totalidad de la cornisa cantábrica, Galicia, el área pirenaica, el este de Castilla y León y de Castilla-La Mancha, el sur de Aragón, así como en buena parte del sureste peninsular. En invierno aparece en escaso número en el bajo Guadalquivir, así como en las cuencas del Tajo, Guadiana, Júcar y Ebro, fundamentalmente, y también en las islas Baleares.


La época de reproducción se realiza entre los meses de abril y junio. Forman ruidosas colonias, normalmente junto a garcillas, garzas y garcetas.




Construyen el nido en árboles o matorrales altos próximos al agua. La plataforma es construida por la hembra con material aportado por el macho y resulta generalmente mayor que los nidos de garceta común o garcilla cangrejera.




La puesta puede oscilar entre 3-5 huevos. La incubación dura unos 21 días aproximadamente y es llevada a cabo por ambos sexos con mayor dedicación por parte de la hembra. Al cabo de unos 21 días las crías abandonan el nido durante el día pero regresan a él para dormir.




Entre sus principales amenazas  están la destrucción de humedales, construcción de embalses o los planes hidrológicos a gran escala pueden suponer un importante factor limitante para el mantenimiento de las poblaciones. También hay que destacar las molestias ocasionadas durante la época de nidificación, que pueden provocar su abandono.




El martinete común aparece incluido en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.