sábado, 23 de septiembre de 2017

Aviones calentando motores para su inminente despegue. Avión común. “Delichon urbicum”. Andarína apegona.

Hace ahora aproximadamente medio año cuando quise dedicar una entrada al blog anunciando la llegada de la ansiada primavera y no encontré mejor manera de hacerlo que hablando de una especie emblemática que año tras año nos anuncia con su llegada el principio de esa temporada, el Avión común (“Delichon urbicum”) (Enlace).




Llegada desde el continente africano a la Península Ibérica que como no, debido al cambio climático, cada vez lo hacen más temprano, tal y como han podido comprobar los recientes estudios de la SEO en colaboración con la Agencia Estatal de Meteorología, en los que se ha puesto de manifiesto que, en relación con mediados del siglo pasado, la migración de esta especie ha avanzado en treinta días a causa de la adaptación a las nuevas condiciones de temperaturas y precipitaciones que está conllevando el cambio climático.




Pues bien, recién estrenada la temporada otoñal, he querido dedicar también al Avión común la despedida del verano, que como todos sabéis coincide con el final del periodo en que esta pequeña y activa ave abandona sus colonias de cría (desde julio hasta octubre). Los pasos migratorios por el Estrecho, son muy prolongados: suben entre febrero y mayo, y bajan entre julio y noviembre, con afluencia máxima en abril y octubre. 




Como puede apreciarse en este reportaje fotográfico, antes de iniciar la migración otoñal se agrupan formando densas bandadas que duermen en los cables y en los tejados. Y es que, el Avión común es una especie muy gregaria, tanto en las colonias de cría como en su comportamiento de caza y de migración. Estas grandes colonias se forman debido a que las parejas de aviones adultos mantienen unidos a sus hijos con ellos y poco a poco se van uniendo varios grupos familiares de una misma colonia. Mas tarde, antes de iniciar la migración, se unen a otras bandadas formando al final agrupaciones migratorias muy numerosas.





La verdad es que yo hasta ahora había encontrado en otras ocasiones, durante estas fechas previas a la migración, concentraciones más o menos numerosas de esta especie o de sus familiares las golondrinas, pero nunca una cantidad tan grande como las que pude ver y fotografiar este año en la última semana del verano. Resultaba francamente difícil abarcar la colonia en su totalidad, por lo que me vi obligado a dividir las imágenes y a tener que cambiar de objetivo.




Comparten con las golondrinas la familia Hirundinidae y su denominación científica “Delichon urbicum”, ya hace referencia a su hábitat en las urbes, pues al parecer el término “Delichon” es un anagrama del término griego “χελιδών” (“chelidón”), que significa “golondrina” y el nombre específico “urbicum” significa “urbano” en latín. Por otro lado su nombre común parece ser que procede de la apócope del término antiguo gavión que a su vez procede del latino “gavia” (que significa gaviota).




Esta familia, la de los Hirundínidos (“Hirundinidae”), comprende los aviones y las golondrinas, pero no a los vencejos, que se encuentran dentro de otro grupo, en concreto en el orden Apodiformes, cuyo nombre significa "los que no tienen pies". No es que los vencejos no tengan pies, naturalmente sí los tienen, pero sus patas son muy cortitas. Y es que los vencejos se caracterizan por no posarse en tierra, pasar la mayor parte de su vida en el aire y solamente posarse para poner y cuidar sus huevos y polluelos en los nidos que construyen en los en huecos, balcones, alfeizares o bajo las cornisas de los edificios. Por su parte, el género “Delichon” evolucionó separándose recientemente del género “Hirundo”, al que pertenece la Golondrina común (“Hirundo rustica”).




A pesar de sus claras diferencias morfológicas, con cierta frecuencia se llega a confundir popularmente al Avión común con las golondrinas (sobre todo con la común), siendo más habitual tener dificultades para diferenciar entre las tres especies de aviones que visitan nuestro país habitualmente; el Avión común ("Delichon urbicum"), el Avión roquero (“Ptyonoprogne rupestris”) y el Avión zapador (“Riparia riparia”). De los tres mencionados, el Avión común es el que está más extendido por la península y es que España cuenta, junto con Rusia, con la población más grande de Avión común de Europa.




El Avión común está ampliamente distribuido por Europa, Asia y África. 


En nuestro país, los podemos ver durante los pasos migratorios y sobre todo en el período estival, llegando a ocupar todo su territorio incluido el de las islas Baleares, Ceuta y Melilla, pero no así el de las islas Canarias, donde sólo se les ve en los pasos migratorios. Lo hacen antes en Andalucía y Extremadura donde se ven ya desde enero, mientras que en el Norte no son comunes hasta finales del mes de marzo o comienzos de abril. 


Debido a su dependencia de los insectos voladores, se ven obligados a migrar desde finales del verano para buscar latitudes más cálidas. Emigran al golfo de Guinea, al oeste de África, donde invernan, salvo un pequeño número de ejemplares que invernan en el sur de Andalucía (entorno del bajo Guadalquivir) y en Extremadura.




Los ejemplares de mayor edad retornan antes, nada más terminar la cría, por lo que muchos de los ejemplares que podéis ver en estas imágenes son juveniles, que se distinguen de los adultos por que tienen las partes inferiores algo parduzcas, en vez del blanco puro de los adultos. Además, los jóvenes tienen la parte superior de color pardo oscuro, sin el negro con brillo azul de los adultos.




El vuelo del Avión común es rápido y ágil aunque no tanto como el de la Golondrina común. Cuando vuelan se les puede ver el obispillo blanco tan característico de esta especie, así como la cola ligeramente ahorquillada. Lo hacen a una altura mayor que las golondrinas pero menor que los vencejos. Normalmente vuelan en grupos para conseguir atrapar a los insectos al vuelo, teniendo que realizar grandes acrobacias para conseguirlo.




Es habitual verlos posados en el suelo alrededor de charcas y balsas de agua estancada y tanto en solitario como en grupos más o menos numerosos. Lo hacen tanto para beber agua, como para recoger barro para construir los nidos o incluso para comer pequeños insectos que se concentran allí (al contrario que las golondrinas que lo hacen raramente).




Como comentaba al principio su hábitat está ligado a lugares con construcciones de origen humano, tanto rurales como de las grandes urbes, aunque también frecuentan presas, puentes, zonas montañosas (hasta los 2.000 m.s.n.m), zonas con vegetación baja, praderas y campos de cultivo, preferentemente próximos al agua. En España resulta más numeroso en zonas cálidas y en medios urbanos de altitud baja y media.




Su alimentación es fundamentalmente a base de insectos voladores, principalmente dípteros (moscas y mosquitos) y áfidos (pulgones), lo que los convierte en unos excelentes aliados del ser humano en los meses de verano (insecticidas biológicos). Son aves muy ágiles que cazan al vuelo ingentes cantidades de insectos voladores, realizando grandes acrobacias y normalmente lo hacen en grupos.




A la hora de alimentarse su radio de actuación es de unos 2 km de distancia de su nido, por lo que las viviendas de un edificio lleno de nidos de estas aves, son unas viviendas que tiene casi garantizada la ausencia de insectos. Este aspecto es muy importante tenerlo en cuenta para sensibilizar a la ciudadanía y conseguir así que se respeten mucho más sus nidos, haciéndoles comprender que las molestias que les pueden causar durante unos pocos meses al año, son compensadas con creces al consumir grandes cantidades de insectos, que de no ser por ellos (junto con los vencejos, las golondrinas y los murciélagos) se podrían convertir en plagas.




Desde hace tiempo se ha observado que acuden mucho más a las ciudades y en éstas se llegan a congregar grupos más numerosos que en el campo. Al parecer, esto se debe a la contaminación lumínica que hay en nuestras ciudades, la cual atrae a muchísimos insectos.




Los aviones forman bandadas en el vuelo y colonias en sus lugares de nidificación que suelen tener mayor altura que las de las golondrinas. Como ellas, cuelgan los nidos de cornisas, paredes con salientes y ventanas, ya que se han aclimatado perfectamente a vivir en nuestras ciudades aunque su origen es rupícola (acantilados y paredes de montaña).




El problema de los mosquitos y sus picaduras se ha agudizado en los últimos años en España a causa de la presencia de nuevas especies invasoras que compiten con los clásicos “Culex” y presentan mucho más peligro por transmitir enfermedades graves (flebótomos o mosquito tigre). Los aviones comunes son de las pocas especies de pájaros que se aventuran a vivir en el corazón de las grandes ciudades, donde se alimentan de ingentes cantidades de insectos voladores (actúan como "insecticidas urbanos") y por lo tanto son aliados contra ellos que deberíamos respetar y agradecerles esta confianza con los humanos.




Quiero aprovechar la ocasión para recordar que todas las especies de aviones, golondrinas o vencejos están protegidas a nivel nacional y europeo, así como sus pollos, nidos y huevos, y destruirlos es una infracción “grave” sancionable con multas de 5.001 a 200.000 €.




Aunque no es una especie muy amenazada, entre los principales problemas que le afectan hay que destacar a el uso indiscriminado de insecticidas y plaguicidas, la eliminación deliberada de nidos con la excusa de que ensucian edificios, la contaminación atmosférica urbana, así como la dificultad para nidificar en ciudades por las nuevas técnicas de construcción y la escasez de lugares donde encontrar barro para el nido. Se encuentra entre las especies registradas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.